La huella dactilar es única e intransferible. No hay dos personas que la tengan igual, ni las ha habido ni las habrá. Por eso, tradicionalmente ha sido un método válido para reconocer identidades, sobre todo en procesos de investigación criminal y forense. Los avances tecnológicos nos permiten, ahora, incorporarlas a nuestro día a día de forma práctica y multifuncional. Desde Seguridad JCH queremos contarte más sobre su funcionamiento.

Las huellas dactilares como sistemas biométricos

En realidad, han pasado más de 140 años desde que se empezó a tomar la huella dactilar para identificar a las personas. Ahora, ha dejado de ser una práctica asociada al sistema judicial y policial y ya forma parte de nuestras vidas.

De hecho, en pleno auge de los sistemas biométricos de reconocimiento de la identidad, la huella dactilar está liderando este impulso. La importancia de la seguridad, sobre todo asociada al desarrollo tecnológico, no deja de crecer. Las contraseñas, usadas hasta ahora, generan quebraderos de cabeza, fallos de memoria y algunas vulnerabilidades. Como consecuencia de ello, se buscan nuevas fórmulas para lograr el reconocimiento cien por cien fiable de las personas. Las huellas dactilares, desde luego, ofrecen ya excepcionales soluciones.

Ahora bien, ¿cómo funciona la identificación por huella dactilar? El sistema se apoya en tres clases de elementos. En primer lugar, un software que incluya un algoritmo capaz de identificar y validar con precisión las huellas. Por supuesto, requiere también un sensor o escáner del que se extrae cada huella para su verificación. Por último, es precisa una base de datos en la que se almacenen, se registren y se organicen las huellas validadas para cotejarlas.

Es decir, se utiliza un lector de huellas que es, en realidad, un sensor biométrico. Su especialidad es interpretar y recoger las líneas de las yemas de los dedos. El algoritmo actúa sobre esa información y la compara con las huellas verificadas en su almacenamiento de datos. Si coincide con una de ellas, la valida y aplica la función asignada. En caso contrario, bloquea la función e impide dicha reacción.

Aplicaciones cotidianas de la huella dactilar

En la práctica cotidiana, este sistema se está aplicando ya en un buen número de situaciones. Sin duda, nos hace la vida mucho más cómoda y sencilla. A continuación, enumeramos y explicamos algunos de estos usos más frecuentes.

· Reconocimiento de víctimas, sospechosos y otras personas en el ámbito policial. Es la práctica más antigua y, desde luego, sigue siendo válida actualmente.

· Desbloqueo del smartphone. Cada vez menos personas usan la contraseña de varios dígitos antigua. Es mucho más seguro, y cómodo, activar el móvil con la propia huella.

· Acceso a habitaciones de hotel y otros espacios. Desde luego, es mucho mejor que usar una tarjeta magnética, la cual siempre puede fallar, extraviarse o ser robada. Tras registrar la propia huella, el sensor siempre permitirá acceder cuando la reconozca. En Seguridad JCH podemos garantizar el control de accesos a espacios por medio de huella.

· Apertura o encendido de vehículos. Algunos fabricantes de automóviles están utilizando esta fórmula para acceder o poner en marcha algunos de sus modelos. Es factible que esta fórmula vaya en aumento en los próximos años.

· Identificación y acceso online. Muchos e-commerces y plataformas web de gestión incluyen este recurso para reconocer a los usuarios. En especial, algunas entidades financieras que aplican el chequeo de la huella dactilar para efectuar transacciones.

· Control de seguridad. Adicionalmente, las empresas especializadas incorporan este sistema para blindar la seguridad de los edificios y los espacios que supervisan.

En realidad, la identificación por huella dactilar tiene ante sí un prometedor futuro. Sus ventajas son múltiples. Goza de una aceptación legal incuestionable, es fiable y muy versátil. Asimismo, la automatización agiliza el proceso y evita cualquier error humano. Estamos seguros de que, por todo ello, sus usos continuarán creciendo.